No me acuerdo muy bien en que fecha fuimos Esther y yo a Praga, me suena en algún puente por Marzo del 2005 pero como no pongo la fecha y hora en la cámara… Da lo mismo, es lo que menos importa.
Praga es la ciudad perfecta para hacer una pequeña escapada romántica. Es una ciudad preciosa, no requiere grandes caminatas como París o Roma (en 3 días te sobra, y en 2 rápido también). Es, aún, más barata que España, se come bien, hay marcha de noche…
Nosotros fuimos 5 días (reales 3 y medio) así que nos atrevimos con una excursión baratilla que nos ofrecieron a Karlovy Vary. Nos encantó.
DIA 1: ZARAGOZA – PRAGA
El primer día llegamos de noche a Praga desde Zaragoza. El hotel Rhea fue nuestro primer destino. Un tres estrellas muy normalito y bastante alejado de la ciudad donde el tranvía era siempre necesario. Nada más que llegamos al hotel dejamos las maletas y buscamos un restaurante cercano al hotel. Un chino fue lo único que encontramos. Bien, como aquí. Era bastante tarde por lo que nos volvimos al hotel y a dormir.
DIA 2: CASA DE LOS ARTISTAS – BARRIO JUDIO – LAS SEIS SINAGOGAS – CEMENTERIO JUDIO – PLAZA DE LA VIEJA CIUDAD (TORRES DE TYN, IGLESIA DE SAN NICOLAS, TORRE DEL AYUNTAMIENTO) – OPERA DE PRAGA – TORRE DE LA POLVORA – CASA DANZANTE – PLAZA DE LA VIEJA CIUDAD DE NOCHE
El segundo día nos levantamos pronto, teníamos que sacarle todo el jugo al día. Desayunamos así asá en el hotel, poca variedad y escasa calidad. Al menos era buffet y de lo poco que se salvaba uno aprovechaba. Sin más salimos rápidamente a coger nuestro primer Tranvía hacia el centro. En unos quince minutos se llegaba al centro.
La Casa de los Artistas fue el primer edificio de interés que vimos. Es un edificio neorrenacentista situado en la plaza Jan Palach de Praga. En su interior hay una gran sala de conciertos denominada Sala Dvořák, en honor al compositor checo y utilizada por la Orquesta Filarmónica Checa como sede de su temporada musical, y una sala de exposiciones.
De allí nos fuimos hacia el Barrio Judío. La primera parada la hicimos en el Café Kafka a tomar un café que no me debió sentar muy bien ya que me dio pie a hacer el famoso donde pago…cago. De allí caminamos hacia las Sinagogas Judías, uno de los recorridos obligados en Praga. Estas son seis:
Pinkas, Maisel, Klausen, la española, la sinagoga alta y la sinagoga Vieja-Nueva.
A la salida de la sinagoga Klausen está el escalofriante Cementerio Judío.
Durante más de 300 años fue el único lugar donde estaba permitido enterrar a los judíos en Praga. El cementerio judío se creó en 1439 (así data la primera lápida de Avigdor Karo) y, debido a la falta de espacio, los cuerpos se enterraron unos encima de otros (llegando a más de 10 apilados). A día de hoy se pueden ver más de 12.000 lápidas y se estima que puede haber enterradas unas 100.000 personas.
Bajamos hacia La Plaza de la Vieja Ciudad, la plaza principal y más famosa de Praga, pasando por las tiendas más chic y caras de la ciudad. Es la zona más cara de la ciudad, el equivalente a lo que sería la calle Serrano en Madrid, y se hacía palpable en el tipo de gente que se veía por la zona.
La plaza es una pasada, súper chula, grande y con una infinidad de monumentos y casas a cual más impresionante. A mí, sin duda, lo que más me gusto fue Las Torres de Tyn.
Los trabajos de estas comenzaron alrededor del año 1360, en tiempos de Carlos IV, bajo la dirección del arquitecto francés Mathieu d’Arras y la participación de Peter Parler, el arquitecto del Puente Carlos.
A comienzos del siglo XV la iglesia estaba casi terminada, faltando solamente parte del techo, el frontón y las torres, que fueron las últimas en terminarse, en 1511.
Inmersa entre las apretadas viviendas y las callejuelas estrechas, es difícil apreciar las importantes dimensiones de la iglesia en toda su magnitud: 52 metros de largo, 28 metros de ancho e impresionantes 44 metros de altura para la nave.
Las torres alcanzan los 80 metros. Si se mira con atención, no son perfectamente simétricas; la de la derecha es más robusta. No fue un error de cálculo del arquitecto sino aparentemente una característica del gótico religioso, que simbolizaría de esta manera la parte masculina de la humanidad…
La entrada principal no es evidente desde la plaza, oculta detras de un par de casas, pero se puede acceder a ella por un pasaje en las arcadas o por las calles laterales.

Plaza de la Vieja Ciudad. Torres de Tyn
En el interior es evidente la mezcla de los diferentes estilos: gótico, renacentista, barroco…
También destacan dentro de la misma Plaza el Palacio Goltz-Kinsky, el Monumento a Jan Hus, la Iglesia de San Nicolás, la Torre del Ayuntamiento y el famosísimo Reloj Astronómico.

Vista de la Plaza desde la Torre del Ayuntamiento
Este último es uno de los más conocidos símbolos de la ciudad. Yo no entiendo muy bien el motivo (históricos más que visuales), porque es una cosa muy normalita que encima se llena de gente cada hora esperando que salgan los muñequitos (nosotros entre ellos).
Construido en 1490 por el maestro relojero Hanus y perfeccionado por Jan Taborsky en el siglo XVI. El reloj se encuentra situado en el edificio del ayuntamiento.
La leyenda dice que para que Hanus no repitiera su obra, los concejales le dejaron ciego.
La esfera inferior de la Torre del Reloj representa los meses del año mediante pinturas realizadas por Mánes. También se pueden apreciar los signos del zodiaco y, en el centro, el Escudo de Armas de la Ciudad Vieja.
El calendario tiene cuatro pequeñas esculturas: Un filósofo, un ángel, un astrónomo y un orador.
La esfera superior de la Torre del Reloj es el Reloj Astronómico propiamente dicho. Su función no era dar la hora, sino representar las órbitas del Sol y de la Luna.
El principal atractivo del reloj es el desfile de los doce apóstoles que se produce cada vez que el reloj marca las horas. Además de los apóstoles también hay cuatro figuras adicionales: el Turco, la Avaricia, la Vanidad y la Muerte, un esqueleto que tirando de la cuerda marca el inicio del desfile.

Reloj Astronomico
Paralelo a la plaza encontramos otra calle de tiendas, más modestas, donde se encuentra un MANGO espectacular, visita imprescindible aunque parezca raro, la tienda más bonita que he visto, o recuerdo, nunca. Además la calle también merece mucho la pena, es muy bonita.
Desde allí llegamos a la Torre de la Pólvora, que fue la primera torre defensiva que se construyó en la ciudad, y a la Ópera de Praga. Comimos en esta calle en un Restaurante típico checo, una carne que estaba muy tierna y muy rica, pero lo mejor de la comida fue el postre que comimos en otro restaurante de al lado. Una especie de galleta oreo gigante con helado de vainilla… bestial.
Con el estómago lleno fuimos hacia orilla del Río Moldawa hasta llegar a la Casa Danzante. La avenida que precede esta casa, con el río dejándolo a tu derecha es otra obra de arte.

La Casa Danzante es un edificio modernísimo y tremendamente impactante que no pega mucho en Praga pero que a mí me encantó, a Esther… A ella no le dijo nada.
La empresa ING contrató al arquitecto Frank Gehry para que llevara a cabo tan innovador proyecto arquitectónico, concediéndole un presupuesto casi ilimitado y total libertad artística. La construcción empezó en 1994 y duró hasta 1996. La casa es también llamada “Fred y Ginger” por su similitud con los dos bailarines, y también la “Casa Borracha” por sus irregulares formas. En el tejado hay un restaurante francés con extraordinarias vistas del río. Ahí va la foto para que juzguéis.

Casa Danzante
Por la noche volvimos a la Plaza de la Vieja Ciudad y cenamos allí mismo en un puestecillo de comida. Perfectamente iluminada la plaza estaba repleta de gente, y de vida, tomando cervezas, o cenando en las terrazas. Nos encantó el conjunto de la Plaza, preciosa. Estuvimos un buen rato paseando por la plaza, mirando los puestecillos de adornos, donde compré un par de Golem, uno para Gómez y otro para mi.
DIA 3: PUENTE DE CARLOS – IGLESIA DE SAN NICOLAS – CASTILLO DE PRAGA – UNIVERSIDAD DE CARLOS – PLAZA DE SAN WENCESLAO
El tercer día lo empezamos como el anterior: en tranvía, rápido, eso si. Nos dejo cerca de la Plaza de la Vieja Ciudad y de allí andamos hacia una de las postales de Praga: El Puente de Carlos. Como no podía ser de otra manera estaba a reventar de gente, sobre todo españoles.
Al igual que la Torre del Ayuntamiento creo que a pesar de estar muy bien, tiene más fama de la que merece.
Comunica la Ciudad Vieja con Malá Strana. El puente, de más de 500 metros de largo y 10 de ancho, sirvió en su día para el paso de carruajes y tenía 4 carriles paralelos. Ahora es peatonal.
El Puente recibe su nombre de su creador, Carlos IV, que puso la primera piedra en 1357 para sustituir al Puente de Judit, que se destruyó por una inundación.
A lo largo del puente encontraréis 30 estatuas situadas a ambos lados de éste, muchas de las cuales son copias ya que las originales se encuentran en el Museo Nacional de Praga y en Vyšehrad y fueron construidas a principios del siglo XVIII.
La primera estatua que se añadió en 1683 fue la de San Juan Nepomuceno. Juan Nepomuceno fue tirado al río en 1393 por orden de Wenceslao IV y en el siglo XVIII fue santificado.

San Juan Nepomuceno
Dicen que lo mejor es madrugar mucho para ver como sube la niebla por el puente, para otra vez.

Puente de Carlos
Al pasar al otro lado del puente la ciudad no hace otra cosa que subir. Empezando en la Iglesia de San Nicolás, que se considera la construcción barroca más bonita de Praga. No llegamos a entrar en su interior con lo que nos perdimos todas las pinturas que inundan sus techos y bóvedas así como las esculturas que adornan las paredes.
Subiendo una cuesta interminable llegamos al impresionante Castillo de Praga, sin duda la obra gótica cumbre de la ciudad, bueno en realidad lo es la Catedral de San Vito, que es una parte de lo que compone el castillo, la más impresionante.

Entrada al Castillo de Praga

El Castillo de Praga de Noche
Su construcción comenzó en 1344 por orden de Juan de Luxemburgo y, tras varias épocas y arquitectos diferentes, se terminó finalmente en los siglos XIX y XX. La Catedral de San Vito abrió sus puertas al público a finales de 1929.
La catedral alberga la tumba de Wenceslao IV (El rey bueno), las Joyas de la Corona, y es el lugar de coronación de los reyes de Bohemia.
A la torre se puede acceder por sus escaleras de caracol. El esfuerzo, que no es poco, merece la pena. La altura de la torre más elevada son 99 metros, y las de las dos torres gemelas 80 metros.
Además de la catedral dentro del castillo destaca el Callejón del Oro, el antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge o la Torre de la Pólvora (que acabó siendo un laboratorio de alquimistas).
De todo lo anteriormente citado nos quedamos con el Callejón de Oro, donde la casa de Kafka, en el número 22, es la más que más fotos se lleva. El Callejón se compone de casitas de colores que fueron construidas en los muros del castillo.
Estas casas se construyeron a finales del siglo XVI con el propósito inicial de dar cobijo a los 24 guardianes del castillo.
Un siglo después de ser construidas, el gremio de los orfebres ocupó las casas y la modificó. Habitaron en ellas varios siglos.
Hacia el siglo XIX fueron habitadas por mendigos y delincuentes de Praga. En el siglo XX fueron desalojados y las casas se han convertido en tiendecitas de marionetas, cristal y otros productos típicos.

Callejon del Oro
Pasamos un buen rato disfrutando del Castillo, es una maravilla, nos encantó.
Lamentablemente nuestra siguiente parada todavía se encontraba más arriba, así que seguimos subiendo hasta la Universidad de Carlos desde donde se ven unas vistas muy buenas de toda la ciudad. No pudimos entrar en su famosa biblioteca pues estaba cerrada. Aprovechamos para descansar y para comer unos bocatas en un banco tras la larga caminata de toda la mañana. Esther no se tenía. Al bajar todo fue mejor.
Estuvimos paseando toda la tarde por las calles del centro de la ciudad, compramos algún recuerdillo y comimos algunos de esos perritos maravillosamente buenos que hay en cualquier calle de la ciudad, hasta que llegamos a la Plaza San Wenceslao para verla de noche y para coger el Tranvía para irnos ya al hotel.
DIA 4: KARLOVY VARY
El cuarto día fuimos en una excursión organizada a Karlovy Vary. No soy muy amigo de esas excursiones pero la verdad es que esta fue perfecta. Barata, en autobús de puerta a puerta (sobre una horilla y media), nos dieron de comer bien y la guía era muy muy buena.
Karlovy Vary es una ciudad balneario, no como Marina D´or, sino en el estricto significado de la palabra. Allí la gente va para curarse de enfermedades serias pagadas casi en su totalidad por la “Seguridad Social de la República Checa”. Importantes escritores, como Kafka, fueron a inspirarse y se quedaron a vivir unos años en Karlovy Vary.
Fue fundada durante la gobernación del rey Carlos IV en el aſo 1349 en el horcajo de los ríos Ohře y Teplá en la sierra Český masív aproximadamente 120 kilómetros de la capital Praga. Según la leyenda Carlos IV en persona descubrió las fuentes durante la caza de un ciervo. Se tienen pruebas oficiales sobre la existencia de la cuidad a partir del año 1370, cuando Carlos IV dio a la cuidad derechos y libertades, además la cuidad ya tenía las ventajas de ciudades balneario.
Los turistas vienen a la cuidad Karlovy Vary no solamente para disfrutar el ambiente y admirar su belleza, pero también para curarse de todo tipo de enfermedades. Los balnearios en Karlovy Vary están especializados en enfermedades del aparato digestivo (estómago, intestino, hígado, páncreas, etc.), diabetes, colesterol elevado, urikemia, dolores de la columna vertebral y de las articulaciones, enfermedades causadas por el estrés o enfermedades oncológicas.
Tanto a mí como a Esther Karlovy Vary fue lo que más nos gustó de todo el viaje. Es una ciudad que desde la primera visión ya te gusta pero que conforme vas avanzando por la ciudad se va haciendo más fascinante. Todos los edificios son una pasada, muchos de ellos son antiguos palacios, otros son iglesias (la Iglesia ortodoxa de San Pedro y San Pablo de aspecto ruso es alucinante) pero es el conjunto lo que la hace increíblemente preciosa.

Plaza de Karlovy Vary

Vista Panoramica Karlovy Vary
La Iglesia de San Pedro y San Pablo data de 1897 el arquitecto se hizo inspirar por el antiguo templo bizantino-ruso de Ostankino cerca de Moscú, la compra del terreno y la construcción fue financiada a través de una colecta entre la nobleza rusa, la clase mediay los checos de Volynè.

Iglesia de San Pedro y San Pablo
Karlovy Vary, visita más que obligatoria
DIA 5: PRAGA – ZARAGOZA
El último día apenas nos dio tiempo a nada ya que el autobús que nos llevaba al aeropuerto pasó a recogernos sobre las 11:30h.
Más o menos esto fue mi viaje.