DIA 2: TEMPLO DE KARNAK – TEMPLO DE LUXOR – COLOSOS DE MEMNON – TEMPLO DE MEDINAT HABU – VALLE DE LOS REYES – NAVEGACION POR EL NILO – FIESTA DE DISFRACES
Hacia eso de las 6.00 de la mañana nos despertaron para ir a hacer las primeras excursiones. Con la emoción de empezar a ver cosas y disfrutar de Egipto no importó mucho el madrugón. Además ya veníamos advertidos.
Desayunamos en la motonave deprisa y nos subieron al autobús para llevarnos al Templo de Karnak. En el desayuno ya nos emparejamos con Loli y David y Boris y María, a los que posteriormente se unieron Loida y Abel y que sería el grupeto fantástico con los que compartimos el viaje.
A pesar de ser muy temprano ya percibíamos el calor que luego sufrimos. Llegamos sobre las 7.00 de la mañana al Templo, hicimos una rápida visita con el guía mientras nos explicó la historia del mismo y luego nos dejó una horilla para que diéramos un paseo por nuestra cuenta antes de volver hacia el autobús.
El Templo de Karnak es el templo más grande de Egipto y aún hoy en día se siguen encontrando restos y sigue siendo reconstruido.
Durante siglos, este lugar fue el más influyente centro religioso egipcio. El templo principal estaba dedicado al culto del dios Amón, pero como en otros templos egipcios también se veneraba a otras divinidades.
El complejo de templos de Karnak lo componen: El gran templo de Amón, el recinto de Montu, el recinto de Mut, el templo de Jonsu, el templo de Opet, el templo de Ptah.
Existía también un lago sagrado, numerosos templetes y capillas de menor tamaño, y múltiples estancias y almacenes situados dentro de los muros que circundaban el recinto principal.
EL RECINTO DE AMÓN
El recinto de Amón se compone del gran templo de Amón, algunos templos menores, capillas y el lago sagrado. En el recinto existía también un templo de Ajenatón que actualmente está destruido. Todo el conjunto está rodeado por una muralla de adobe de 8 metros de grosor y 2400 de perímetro. Consta de 8 puertas de piedra 2 de ellas monumentales. Los faraones más importantes que intervinieron en su construcción fueron Hatsepsut, Seti I, Ramsés II y Ramsés III.
El recinto está precedido por la avenida de las esfinges formada por 40 esfinges con cabeza de carnero construidas por orden de Ramsés II que unen el templo de Karnak con el de Luxor y el embarcadero que comunica el templo con el canal que llega del Nilo. Se empleaba como acceso al Nilo de las barcas sagradas durante las fiestas religiosas. Hay dos pequeños obeliscos obra de Sethy I.
Probablemente lo más espectacular del templo sea su sala hipóstila. La sala hipóstila (11), construida en varias fases, es la parte más impresionante de todo el recinto, con unas dimensiones de 102×53 metros. La sensación es la de estar admirando un bosque de piedra. El techo, actualmente desaparecido, reposaba sobre 134 columnas en forma de papiro, de las cuales 12, pertenecientes al pasillo central, son mayores (15 metros de circunferencia) y con capiteles de distintas formas. Fueron construidas por Amenhotep III. Estas 12 columnas elevan el techo en esta zona hasta los 23 metros de altura. El resto de columnas, unidas por los cimientos, son obra de Horemheb y tienen una altura mucho menor. Constan de capiteles papiriformes cerrados y la decoración se debe a Ramsés I, Sethy I, Ramsés II y Ramsés IV. Los relieves decorativos de la sala son obra de Sethy I y Ramsés II. El exterior está decorado con escenas de la batalla de Qadesh y campañas militares de Sethy I en Palestina y Siria y contra los libios y los hititas.
En el Templo de Karnak se desarrolla uno de los espectáculos de luz y sonido más famosos de Egipto. El espectáculo consiste en ir avanzando por el templo mientras nos van narrando una historia y se van iluminando partes de éste. Las sesiones en español son los lunes y viernes a las 22:30.
En nuestra visita por libre nos apareció en medio de las piedras un hombre que nos dijo que nos acercáramos que nos iba a hacer una especie de… algo. A sabiendas que olía a anchoa, Esther y yo, fuimos ante la atenta mirada de Loida y Abel que no los conocíamos todavía pero andaban por ahí. El caso es que empezó a hacer no se qué historias con las manos para acabar diciendo que nos diéramos un beso y dando a entender finalmente que nos había casado por el rito del… llamemosle X. La misma operación repitió con Loida y Abel. Por supuesto luego hizo el egipcio e intentó que le diéramos pasta, yo, por supuesto, ni una. Me siguió un rato, no se qué nos dijo, igual nos divorció, y se fue.
Esther por lo visto se lo tomó al pie de la letra el rito este y lo dio por bueno y válido… yo no entender…
El Templo es una pasada, como primera visita de Egipto es espectacular, quizás demasiado ya que visto Karnak hay algún otro templo también muy chulo que parece menos. Impresiona la Avenida de las Esfinges que lo comunicaba con el Templo de Luxor, la inmensidad de las columnas, las primeras esfinges, la grandeza del conjunto, lo diferente a todo lo que habíamos visto en otros viajes…, en resumen: tremendo.
Loli, grandísima compradora, no tardó mucho en hacer gala de lo que había anunciado y ya compró los primeros papiros a gente que nos “asaltó” antes de subir al autobús.
Nos subimos al bus y nos llevaron en muy poquito tiempo al Templo de Luxor.
Es el monumento más destacable de la ciudad. Se debe fundamentalmente a la obra de 2 faraones, grandes constructores, Amenhotep III y Ramsés II. El primero construyó la parte interior y Ramsés II el recinto exterior. No obstante, el templo tuvo tal importancia que muchos otros faraones contribuyeron al engrandecimiento del recinto, con la decoración, construcciones suplementarias, relieves o realizando diferentes cambios. Entre estos se encontraban Tutankamon -quien retomó el proyecto tras la muerte de Ajenatón (Amenhotep IV) que había impuesto el culto al disco solar Atón y abandonado el culto a los dioses tradicionales-, Horemheb y mucho más tarde Alejandro Magno.
La construcción inicial se debe muy posiblemente al arquitecto Amenhotep. El proyecto original no se separa de las construcciones clásicas, con un gran patio, la sala hipóstila, el vestíbulo, y el santuario, aunque las posteriores construcciones de Ramsés II (un patio que pasó a ser el primero del templo, la fachada, los colosos y los obeliscos) modificasen el aspecto final que hoy puede apreciarse. La longitud total del templo es de 260 metros y estaba dedicado a Amón.
La función principal del templo de Luxor era la procesión que una vez al año, durante la celebración del Año Nuevo, se celebraba y en la que la imagen de Amón salía de su recinto de Karnak para, a través de la avenida de las esfinges, visitar el templo de Luxor.
El pilono construido por Ramsés II relata la batalla de Qadesh, librada por el faraón contra los hititas. Representa la entrada al templo.
Frente a este pilono se encontraban 2 obeliscos (4), de los cuales uno fue trasladado a la plaza de la Concordia en París en el año 1836, como regalo de Mohamed Alí. El otro, de unos 25 metros de altura se encuentra actualmente en su emplazamiento original. El obelisco está decorado con una escena en la que aparece Ramsés II adorando a Amón, y 3 franjas de jeroglíficos en las que se describe el protocolo real junto a una fórmula de alabanza a las construcciones y victorias del faraón y la duración de su reinado.
En la entrada están las famosas estatuas sedentes de Ramsés II decoradas con imágenes de prisioneros que representan los 9 pueblos conquistados por Egipto. La reina Nefertari aparece a cada lado del trono. Las estatuas son de granito gris con una altura de 15.6 metros. Originalmente existían 4 estatuas mas, realizadas en granito rosa de las que actualmente sólo queda una que representa a Meritamón, la hija de Ramsés II.
Más bonito que el de Karnak pero menos impresionante para mí modo de ver. Pero es precioso. Karim repitió la misma operación, visita rápida con él contando lo más importante (en el autobús aprovechaba y contaba parte de la historia) y luego un ratillo para que pudiéramos dar una vuelta por libre.
A la salida Boris estuvo a punto de romper una relación de una pareja al descubrir y decir en alto que el maquinón de fotos, nuevo, que llevaba un hombre le habría costado unos 800€ y no los poco más de 300€ que le había dicho a su mujer… Aún lo negó un rato hasta que, finalmente, Boris confesó que era fotógrafo… que risas.
Vuelta al trolebús para ir a ver a los Colosos de Memnon. Es una pena que esté todo destruido a excepción de los Colosos, que tampoco es que se conserven muy bien, ya que se ve que debió ser enorme.
Los colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas gemelas de piedra de 18 metros del faraón Amenhotep III situadas al oeste de la ciudad egipcia de Luxor, cerca de Medinet Habu.
Las dos estatua muestran a Amenhotep III en posición sedente; sus manos reposan en las rodillas y su mirada se dirige hacia el Este, en dirección al río Nilo y al Sol naciente. Dos figuras de menor tamaño, situadas junto al trono, representan a su esposa Tiy y a su madre Mutemuia.
Están talladas en bloques de cuarcita, traída especialmente desde Guiza.
La función original de los colosos fue la de presidir la entrada al complejo funerario de Amenhotep III: un inmenso centro de culto en el que se le adoraba como al dios en la tierra. En esos días, el complejo del templo era el mayor y más espectacular de todo Egipto. Ocupaba un total de 35 hectáreas.
El historiador y geógrafo griego Estrabón explica que un terremoto, en el año 27 a. C., dañó a los colosos. Desde entonces se decía que las estatuas “cantaban” cada mañana al amanecer, concretamente, la estatua situada más al sur. La explicación es que el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la evaporación del agua, que al salir por las fisuras del coloso producía el peculiar sonido. El emperador romano Septimio Severo nos privó de este fenómeno al restaurar la estatua en el siglo III d. C.
Parada rápida, cuatro fotos y poco más. El calor ya era insoportable.
Muy cerquita de los colosos llegamos a Medinet Habu, más conocido como Templo de Ramses III (su templo funerario), situado en la aldea de Medinet Habu. Se construyó allí porque se creía que los dioses de la creación del mundo reposaban allí.
Representa uno de los más importantes edificios de Tebas. Se compone de dos pilonos, dos patios y tres salas hipóstilas. Diseñado siguiendo los cánones clásicos, a semejanza de Ramesseum, tiene unos 150 metros de longitud
La entrada monumental tiene 63 metros de anchura y 22 de altura está muy bien conservada y en el interior se pueden ver algunos techos y columnas que conservan el color original. No recuerdo si esto lo pude ver en algún otro templo pero no me suena mucho ver colores.
En este templo no nos entretuvimos mucho en nuestro tiempo libre y fuimos muertos de calor a resguardarnos a la sombra y a comprar agua fría.
Nos quedaba la última visita del día: El Valle de los Reyes.
El Valle de los Reyes es la necrópolis de Egipto donde se encuentran inhumados muchos de los faraones del Imperio Nuevo, a día de hoy se han descubierto más de 60 tumbas talladas en las rocas.
Durante un periodo que se inició con la 18ª dinastía y concluyó con la 20ª, los faraones egipcios decidieron abandonar el área de Menfis, tradicionalmente utilizada para construir recintos funerarios, y guiaron su atención a las tierras de Tebas. Asimismo, dejaron atrás las pirámides: llegó el auge de las tumbas excavadas en piedra caliza, con tres corredores, una antecámara y una cámara mortuoria.
En la antigüedad, el valle se denominó “Ta Iset Maat”, lo que significa “lugar de la verdad”. El primer faraón que fue enterrado en el Valle de los Reyes fue el rey Tutmosis I, faraón de la XVIII dinastía.
Para los interesados en visitar la tumba de Tutankamon, decir que no tiene nada realmente especial ya que todos los objetos que se encontraron dentro de ella están ahora en el Museo de El Cairo. Probablemente, lo que más nos llamará la atención, es la cantidad de tesoros que encontraron en un espacio tan pequeño.
Está prohibido hacer fotos en el interior de las tumbas.
Fue una pena que llegáramos tan tarde porque además que ya llegamos algo cansados hacía un calor exageradísimo y no disfrutamos todo lo que debiéramos de las tres tumbas que se pueden visitar con el precio de la entrada. Estas nos las eligió el guía Karim y no me acuerdo cuales fueron.
Hay bastante gente en cualquiera de las tumbas y te puede agobiar un poco pero es tan alucinante ver como se hacían las tumbas que hay que aguantar lo que sea.
Te llevan en una especie de trenecito hasta las tumbas que resulta algo raro y una turistada pero bueno.
La tumba de Tutankamon no la vimos, no entraba en el precio y nos dijeron que no era gran cosa.
Yo ya llevaba un dolor de cabeza del sol… y un moreno curioso, también he de decirlo.
El Valle de las Reinas tampoco lo vimos, y esto si que me fastidió porque no dio ni la posibilidad y si que hubiera hecho un esfuerzo. Es lo que tiene ir organizado.
De aquí ya nos llevaron a la motonave a comer. Para salir o entrar de las motonaves es curioso que tienes que pasar por varias ya que están puestas en filas paralelas. Ahí es cuando comprobamos que nuestra motonave no era de las mejores precisamente.
Comimos todos juntos, una siestecita de un par de horas mientras navegábamos y después quedamos en la zona de la piscina del barco para tomar café y ver el fantástico paisaje que ofrece el Nilo a su paso. Es una pasada que en un país con tanto calor y desierto tenga también tanta vegetación en toda la ribera del Nilo.
Estuvimos bastante rato hablando todos. Loida y Abel nos contaron que estaban de viaje de novios (de ahí su pedazo de habitación) Loli y David nos contaran su viaje de novios a Costa Rica (como les gustó), Boris y María su pasión por la fotografía, etc. Se creó muy buen ambiente entre todos y nos lo pasamos genial todo el viaje.
Esa misma noche estaba la fiesta de disfraces típica que se suele hacer en estos viajes, así que tocaba comprar el disfraz, bien en la tiendecilla que había en el mismo barco o bien a los atrevidos egipcios que se acercaban por la noche con una barquilla y nos los tiraban a la cubierta a ver cual nos gustaban. Surrealista la verdad, pero muy gracioso.
La fiesta en sí no tuvo mucha historia ya que estábamos todos reventados del duro día. Sólo un alemán mayor que bajó con una toalla haciendo de falda, otra toalla haciendo de turbante, un pequeño extintor en una mano y el mando a distancia en la otra animó un poco el cotarro. Fue curioso ver que los mismos camareros eran los que animaban la fiesta en el barco.










