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El mayor espéctaculo de vida animal del mundo: Masai Mara

DIA 7: MASAI MARA

Vuelta a madrugar que comenzábamos el Safari de, nada más y nada menos, siete horas!! Nuestro último safari del viaje. Para alegría mía parece que mis tripas estaban mejor (ese día no me tomé la pastilla de la malaria que era lo que sospechaba que me estaba machacando). Aún así hice un desayuno suave.

La ruta de este día consistiría en llegar hasta el río Mara. En este safari al no ir en busca de ningún animal en concreto fue a mi modo de ver todo mucho más natural y bonito, y por supuesto vimos muchos más animales desde el principio.

Familias de jirafas, familias de elefantes, cebras, ñus, gacelas thomson, impalas, antílopes, etc aparecían continuamente allá por donde fuéramos.

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Gacela Thomson

De repente David para el coche y pide prismáticos (que nervios, cada vez que los pedía es que algo gordo podía haber) y nos dice que hay hienas. Nos acercamos a ellas y vemos que se estaban comiendo la cabeza de un ñu. Lo fuerte fue cuando una de las hienas al vernos cogió con los dientes la enorme cabeza del ñu y se la llevó a esconderla. Que fuerza tienen en el cuello las hienas!! La cantidad de fotos que hicimos dicen mucho lo que nos impactó.

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Seguimos avanzando cuando Txema divisó a lo lejos buitres sobrevolando una zona y bajando. A lo que llegamos nos encontramos con otro de los momentos del viaje. Un chacal comiéndose un trozo de ñu (siempre presentes en todos los banquetes) ante la atenta mirada de más de cincuenta buitres a no más de cinco metros de distancia. Cada cierto tiempo alguno de los buitres se acercaba a comer del ñu a lo que el chacal respondía atacando al buitre. Todo muy tremendo, no me cansaré de decirlo.

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Pues cuando la cosa parece que no podía mejorar encontramos a una guepardo con cuatro crías!!!! Venga que la palmo… Las crías no tendrían más de dos meses, no paraban de jugar entre ellas mientras la madre con un silbido casi imperceptible las llamaba cuando se quedaban muy retrasadas. En un momento la madre se puso tan cerca de nuestro coche que el guía nos avisó que era posible que se subiera a la parte del capó, que mantuviéramos la calma si eso sucedía. No sucedió pero literalmente rozó el lateral del coche. Ya no nos cabía más adrenalina!!!

Guepardos familia

Guepardos crías

Estaríamos un buen rato, Txema hizo hasta vídeo y tuvo que cambiar la tarjeta de memoria, parecía un paparazzi.

Pues con pena de dejar a los guepardo fuimos acercándonos al río Mara. Uno en seguida se da cuenta que está llegando porque llega un momento que vas viendo más y más animales hasta que finalmente se llega a una explosión de estos. Cientos y cientos de animales aparecen por todas partes. Mires por donde mires no dejas de verlos, jugando entre ellos, peleándose, haciendo carreras, metiéndose por nuestro camino, crías y madres juntas, cebras y ñus de colegueo… Esta si fue para mí la imagen del viaje.

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En el río Mara vimos cocodrilos y hipopótamos, otras dos especies que se llevan muy bien entre si. Lástima que no viéramos el cruce de ñus y cebras por el río pero ese espectáculo del Mara sólo se puede ver unos pocos días al año.

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Subimos a un pequeño monte en donde pudimos bajarnos del coche, descansar un poco, estirar las piernas y disfrutar de las magníficas vistas de la Sabana.

Tras esto estuvimos una horilla buscando leopardos pero no conseguimos verlos (el animal más difícil de ver y único de los big five que no vimos). En los días que estuvimos en Masai Mara sólo lo vieron un par de coches y de muy de lejos, una pena por un lado, una excusa para volver por otro…

Regresando ya hacia el hotel vimos un coche parado, lo que suele tener premio. En efecto, cinco leonas recién comidas, otra vez restos de ñu cercanos, se disponían a dormir la siesta ante la atenta mirada de un buitre en la rama de un árbol.

La anécdota (no se si decir graciosa) fue que el coche que había parado estaba pinchado y no se había dado cuenta!! A dos metros de las leonas, muy fuerte. Como pudo se alejó unos 50 metros y ni corto ni perezoso el conductor masai se puso a cambiar la rueda. Cuando nosotros nos íbamos el masai seguía cambiando la rueda (no tenía ni idea) y nuestro guía David y el conductor de otro coche que iba con nosotros se la tuvieron que cambiar ellos. Yo no sé sino hubieran estado que hubiera pasado.

De aquí al hotel vimos una imagen muy chula de un avestruz con la cabeza metida y el arcoíris al fondo y otra de dos guepardos machos descansando a la sombra de un árbol (además de los animales más presentes y mencionados como ñus, cebras, antílopes…).

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Aunque no le he contado ni que decir tiene que en las ocho horas que duró finalmente el safari a uno le entran ganas de mear. No queda otra que bajar del coche previo reconocimiento y mear en cualquier árbol (si, las mujeres también).

Decir como apunte general que apenas se baja del coche para nada en este tipo de viajes organizados. Habíamos leído y nos habían recomendado que era imprescindible ir con calzado cómodo o de montaña pero yo, visto lo visto, creo que uno puede ir como quiera, incluso con chancletas.

El hotel al que volvimos ya no era el Keekorok sino el Mara Sopa (el que teníamos contratado, vamos). No estaba mal pero no tenía nada que ver con el Keekorok, daba la impresión de ser algo más viejo que el resto pero el enclave con abundante vegetación era muy bonito también. No hubo ningún solo hotel en todo Kenia que fuera malo, todos están bien o muy bien.

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Llegamos justo antes que cerraran el comedor del hotel, muy cansados. La comida estuvo muy bien y aunque estaba mejor de las tripas me seguí cuidando. Comimos el grupo de diez que habíamos tenido el día anterior overbooking. Gente joven, súper majos todos (en especial Jon y Joana) con los que compartiríamos la excursión al poblado masai por la tarde y la cena en la Sabana por la noche.

En todo viaje tiene que haber una turistada que se precie, sino es como que al viaje le falta algo, igual pasa con una pardillada, hay que cargarla al menos una vez en cada viaje para que este sea completo.

Bueno pues tocaba la turistada. Excursión PROGRAMADA a un poblado Masai, y allí que fuimos los diez juntitos. Veinte euros por barba, esta podría ser la pardillada no?

El aspecto y la leyenda de los masais los ha rodeado de un aura mítica de romanticismo salvaje. Pero lo cierto es que este pueblo se debate entre un férreo conservadurismo tradicional y la tentación de sumarse al progreso en busca de una vida más boyante. Su tendencia a aferrarse a las raíces les ha granjeado las simpatías y la admiración de los turistas anhelantes de escenas pintorescas, pero también el rechazo de muchos kenianos, que ven en la pervivencia de este modo de vida una molesta opción de autoexclusión social que lastra el desarrollo del país. En este tira y afloja, los gobiernos se han encargado de ilegalizar algunas costumbres masais, como la caza del león o la mutilación genital femenina (practicada también por otras tribus del país).

Al llegar al poblado nos recibió un masai que hablaba perfectamente inglés y nos contó alguna de sus costumbres y modos de vida, nos enseñó donde guardan el ganado, donde estudian los que quieren, etc. Justo a continuación vinieron más masais hombres que nos ofrecieron un baile típico y, seguidamente, nos vistieron como a ellos y tuvimos que pegar los famosos saltos masais (turistada/pardillada). Después de los hombres se repitió la historia pero esta vez les tocó el turno a las mujeres (no saltaron pero si bailaron).

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Al lado de nosotros estaban en un descampado de tierra los niños y niñas jugando, descalzos y en un estado peor del que yo me esperaba.

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Nos hicieron fuego y tras dividirnos por parejas nos metieron en sus casas. En la que estuvimos Esther y yo me dejó impresionado. Sin luz, su diminuto tamaño, su desorden, su suciedad, pero sobre todo su olor, una pasada. La turistada me estaba gustando!!

Luego, tras salir de la casa, y como no podía ser de otra manera, nos intentaron vender dientes de león y tal. No caímos…de momento. Luego con todos ya juntos de nuevo nos llevaron a la salida del poblado a una zona donde habría unos 25 pequeños puestos de figuras de animales, de pulseras, collares, bolsos… Y pulsera que cayó para mi sobrino, no se crean. En fin. Pero a pesar de todo repetiría la experiencia eh?? Merece la pena, pero siempre sabiendo a lo que vas.

Cuando llegamos al hotel empezaba a anochecer por lo que nos fuimos rápido a las habitaciones a ducharnos y arreglarnos para la cena que nos iban a obsequiar por el “problema” del overbooking.

Nos prepararon en una zona apartada del hotel, rodeados de mucha vegetación y casitas, de pega, masai, una impresionante barbacoa sólo para nosotros, con vino decente sudafricano, cerveza y algo de alcohol. Demasie!! Fue la guinda al mejor día del viaje. Nos lo pasamos genial.

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Aquí ya me salté el mini régimen que llevaba, no había alternativa. Cuando estábamos con los cubatas salieron unos masais cantando con una tarta que fue el broche de oro.

Como estuvimos tan bien todos juntos en vez de irnos a nuestras habitaciones después de cenar acabamos en la terraza del bar del hotel tomándonos la última.

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