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Entre pintores y jardines

DIA 3: MONTMARTRE – VERSALLES

 

Este día planeamos hacer algo más tranquilo después del tute del día anterior. Cogimos el metro nada más salir del hotel dirección Montmartre. Fue el barrio que más nos gustó de París. Todo es una pasada. Nos bajamos justo enfrente del Moulin Rouge, sin duda el cabaret más famoso del mundo. En un momento especial en la historia de Francia, un tiempo entre dos guerras, una época en que las libertades y las ganas de vivir llenaban el espíritu de los parisinos nació el Moulin Rouge. Nos hizo ilusión verlo, aunque no entramos dentro.  

Moulin Rouge

Moulin Rouge

Luego subimos por una calle, la cual los padres de Esther tienen retratada en su casa. Tras seguir subiendo algunas calles llegamos por fin a Sacre Coeur. El sitio es idílico, había mucha gente, todo estaba verde, muy bien cuidado, puestecillos por todos los lados. Recomiendo ir en domingo, que aunque es cuando más gente hay el ambiente merece la pena. La basílica es una mezcla de estilo bizantino y románico. Sus cúpulas recuerdan “algo” a las del Taj Mahal. Fue edificada con piedra de Château-Landon que bajo el efecto del agua de la lluvia segrega una sustancia blanca parecida a la pintura; por ello, cuanto más llueve, más blanco es el Sacré-Coeur. Las escaleras que se suben por los lados hasta llegar a Sacre Coeur también son chulísimas.

Sacre Coeur

Sacre Coeur

 

Además de contemplar un edificio deslumbrante, junto a la Iglesia se encuentra uno de los lugares más parisinos y pintorescos de la ciudad: un diminuto barrio con una plaza amenizada por pintores (Plaza du Tetre) que desarrollan su labor al aire libre y pequeños comercios de todo tipo. Recomendamos no llevarse por el calentón y no comprar nada en esta fantástica plaza ya que en cualquier tienda de los alrededores tienes los mismos cuadros a mitad de precio. Eso si dar una vuelta porque los pintores, sus cuadros y el ambiente bien lo merecen.

Plaza de los pintores

Plaza de los pintores

 

De aquí empezamos a bajar por Rue Lepic. En esta calle está el bar donde discurre buena parte de la película de Amelie (Café des 2 Moulins). La calle para no desentonar con todo el barrio es preciosa, toda de adoquines, llena de tiendas de frutas, verduras, papelerías, librerías… parece que lleven ahí 300 años.

Cafeteria de Amelie

Cafeteria de Amelie

Salimos muy contentos de Montmartre hacia nuestra siguiente parada: Versalles.

 

Fuimos en tren hasta Versalles. No me acuerdo muy bien del precio pero no se me hizo caro. Sólo tardamos media hora en llegar. De la estación al palacio fuimos andando, está bastante cerca. La primera impresión que tuvimos del Palacio fue lo impresionante de su tamaño. Es enorme (67000 metros cuadrados de superficie). Ya la entrada nos dio una idea de las maravillas que íbamos a ver dentro.

 

Tras esperar alguna fila (debimos tener suerte porque tampoco esperamos mucho) entramos dentro del Palacio. En todo el palacio se respira un lujo tremendo. Cada sala es una pasada, si bien las más destacadas sonlos Salones de la Paz y de la Guerra y las habitaciones del rey y de la reina, además de la Cámara de la Reina, que se conserva tal y como la dejó María Antonieta al abandonar Versalles en 1789.

 

¿Pero por qué construir tan impresionante palacio siendo que la familia real ocupaba el Louvre, que ya había sido ampliado suficientemente y arreglado con todo lujo? La respuesta era sencilla para el joven rey Luis XIV; las intrigas de los nobles en la corte y las presiones populares hacían que no se sintiera a gusto ya en el Louvre, ni en ninguno de los otros palacios: Fontainebleau, Vincennes, Saint-Germain-en-Laye… Había que mostrar a todos quién tenía el poder, y para eso había que construir el palacio más grande, fastuoso y lujoso que pudiera imaginarse.

 

Tras visitar el interior del palacio pillamos un trenecito para visitar los jardines. La visita se puede hacer andando pero necesitarías varios días para ver los 430 hectáreas que hay entre bosques y jardines. No es que con el tren te de tiempo pero se abarca mucho más. Te puedes bajar donde quieras, te das un paseo y volverte a subir cuantas veces quieras.

 

Los jardines es lo más conocido del Palacio. En ellos hay dispersas 372 estatuas y 55 estanques y fuentes. El estanque más grande es el Grand Canal, de unas 24 hectáreas. En sus diferentes jardines se pueden ver diferentes formas, muchas con perfectas simetrías y diseños espectaculares.

 

Por la noche y ya una vez en París salimos a dar una vueltecilla por los alrededores del hotel. Habíamos visto un Hard Rock y fuimos a tomarnos algo. No lo pude evitar y me llevé un vaso de chupito que me encantó.

Sala de los espejos

Sala de los espejos

Jardines de Versalles

 

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